Me
arrastro una vez más, entre mi cutre y sucia conciencia y lo poco amable que
queda en mí ser. Quienes son, los que reivindican que la paz y el amor son
sostenibles, que osados son los que van más allá diciendo que incluso pueden
ser eternos.
Nada será eterno, ni tan siquiera las pirámides de Egipto, tampoco lo
será lo que hoy conocemos como nuestro planeta tierra. Más volátiles son aun
nuestros sentimientos, que derraman como cascadas, odios, recelos, envidias y
blasfemias.
Purifícame, oh! Madre naturaleza, derrama sobre mi corazón tu lluvia
transparente y clara. Rocía de polen inmaculado mi alma, para tapar las llagas
que me produce el odio aderezado con venganza. No quiero morir con mis entrañas
negras como la hulla, quiero que mi ser reluzca como la alborada… porque quiero
contagiarme de la sonrisa del abuelo, del canto del ama de casa, del griterío
de los niños y del amor con su tierna mirada.
Y
vosotras estrellas libres de la galaxia, bordar en mi alma la inocencia de
cuando era niño y en mi corazón la palabra esperanza… la esperanza de volver a
amar sin celos, ni rencores, ni tan siquiera un sólo reproche a la mujer amada.
Para cuando llegue mi momento, poder estar limpio de pensamientos
impuros y haber quedado en paz con la gente que dejo atrás, que aunque de lo
bueno que hice no se vayan a acordar, tampoco tengan nada que me puedan
reprochar.
Nadavepo.






