CAPÍTULO LIV
Un comienzo
con más descalabro que acierto, donde el fervoroso caballero libra su batalla
mientras se balancea entre botijos y tinajas:
En un lugar
de la Mancha, de cuyo nombre prefiero no acordarme por puro apuro, despertó
nuestro hidalgo a deshora, víctima del más horripilante de los encantamientos:
la digestión rabiosa de tres platos de pisto con torreznos y queso curado.
Convencido el
caballero de que el malévolo sabio Frestón le había introducido un dragón en
las entrañas, saltó de la cama en paños menores, blandió su oxidada espada y
arremetió con furia ciega contra la penumbra del aposento.
El pobre
Sancho, que dormía a pie de cama y fue despertado por semejante estruendo,
suplicaba entre sollozos: ¡Tenga piedad vuestra merced, que no es ningún
gigante infernal, sino el botijo de la leche y el tinajón del aceite!
Mas Don
Quijote, sordo a la razón y ciego de gallardía, asestó tal estocada al menaje
que acabó sepultado bajo una avalancha de aceite, queso frito y vinagre,
declarando desde el suelo, con el yelmo torcido y el rostro bañado en salmuera,
que jamás se había librado batalla más épica por el honor de su hermosa
Dulcinea.
Alejandro Maginot

Aventuras y desventuras de don Caballero, allá donde los haya.
ResponderEliminarTengo que comentarte, Alejandro, que las actualizaciones en el blog van pésimas y es difícil de seguir.
Un abrazo, seguiré tales hazañas.
Trabajare sobre esa actualización, muchísimas gracias por avisarme. Te mando un abrazo para toda la familia. Disfrutar del Domingo,
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