miércoles, 9 de septiembre de 2026

Las aventuras del Hidalgo

 




CAPÍTULO LIV

 Un comienzo con más descalabro que acierto, donde el fervoroso caballero libra su batalla mientras se balancea entre botijos y tinajas:

 En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre prefiero no acordarme por puro apuro, despertó nuestro hidalgo a deshora, víctima del más horripilante de los encantamientos: la digestión rabiosa de tres platos de pisto con torreznos y queso curado.

 Convencido el caballero de que el malévolo sabio Frestón le había introducido un dragón en las entrañas, saltó de la cama en paños menores, blandió su oxidada espada y arremetió con furia ciega contra la penumbra del aposento.

 El pobre Sancho, que dormía a pie de cama y fue despertado por semejante estruendo, suplicaba entre sollozos: ¡Tenga piedad vuestra merced, que no es ningún gigante infernal, sino el botijo de la leche y el tinajón del aceite!

 Mas Don Quijote, sordo a la razón y ciego de gallardía, asestó tal estocada al menaje que acabó sepultado bajo una avalancha de aceite, queso frito y vinagre, declarando desde el suelo, con el yelmo torcido y el rostro bañado en salmuera, que jamás se había librado batalla más épica por el honor de su hermosa Dulcinea.

 

Alejandro Maginot


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