CAPÍTULO LVI
Donde la ingle de Sancho esta rozada y
erosionada por el sudor que desprende después de comerse un potaje caliente:
⸻ Querido y
estimado Sancho, veo que de tu pierna izquierda cojeas… no será que te ha
mirado mal una oveja.
⸻ No se
equivoque mi señor, es un roce en la Inglaterra que me hace andar como una
doncella.
⸻ En la
Inglaterra dices bribón, si somos de la mancha donde se cría el mejor melón… y
no lo digo por ofenderte, porque melón bien lo eres, lo digo porque quizás
quisiste decir que tienes una rozadura en la ingle.
⸻ ¡Cierto es, mi buen señor, que a la ingle
me refería! más de tanto escozor la cabeza ya perdía. Es este fiero calzón,
grueso como una pared, que con el sudor del potaje me tiene metido en red.
⸻ ¡Válgame la Gran Turquía, Sancho de mi
corazón! ¡Confundir una rozadura con la pérfida nación! Mas no temas la erosión
de tu carne tan mullida, que para semejante mal tengo yo la medicina.
⸻ ¿No me saldrá con el bálsamo de Fierabrás,
mi señor? que nombrar ese brebaje me causa un frío sudor, que por la boca me saca
hasta el alma y por la parte trasera me causa gran estupor.
⸻ ¡Calla, escudero cobarde, de poco y vil
entendimiento! que no es potingue tragado, sino de afuera un untamiento.
Tomaremos de un pino resina, manteca de un chivo tuerto, tres hojas de
verdolaga y la pluma de un ave muerta.
⸻ ¿Untarme en la parte oscura esa mixtura tan
parda? ¡Señor, con tanto mejunje se me va a encender la traca! Prefiero andar
patizambo cual gallina terca y zancuda, que ponerme en los calzones esa pluma
estrafalaria y cruda.
⸻ Paciencia, Sancho, paciencia, que el andar
de la doncella no le sienta bien al vientre de persona tan oronda y fea. Mas
dime, ¿qué llevó el potaje que tal fuego te ha encendido? ¿Acaso legumbre al
pimentón que al infierno se ha llevado?
⸻ Llevaba ajo, mucho sebo y un chorizo bien
picante, que al pasar por la gorguera parecía fuego ardiente. Y al bajar a las
entrañas y juntarse con el calor, ¡se me ha puesto el bajo vientre como horno
del mismísimo Lucifer!
⸻ ¡Oh, tragón descomedido, esclavo de la
cecina! que por rellenar el cinto la salud misma te arruinas. Cabalga pues a
horcajadas, con las piernas despatarradas, para que el aire manchego te enfríe
esas posaderas que tienes tan asadas.
Alejandro Maginot

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