martes, 17 de marzo de 2020

La Escalera













  En el vientre de la naturaleza, se encuentra la escalera, por donde suben y bajan los imbéciles que caminan sobre la tierra. Cargados de maletas mugrientas, que contaminan hasta sus propias viviendas, pero que rápidamente se sacuden su responsabilidad, echándole la culpa a los demás.

  Un erizo me comentó el otro día, como sigáis así a nuestra esfera le queda pocos días; yo no supe qué responderle, y aunque le contara lo que yo hago, no podría creerme… porque un grano de arena, no rellena una playa entera.

  Atormentado estoy por ver a donde hemos llegado, que hasta las plantas el oxígeno nos están negando, por no contar que hasta el sol quiere achicharrarnos, porque los elementos están perdiendo la fe en el ser humano… que ya sólo nos llaman seres, pero no humanos.

  Hace miles de millones de años, cuando en la tierra sólo habitaban plantas y animales, no había calvas en las selvas, ni especies extintas, ni acuíferos secos; todo cambió cuando el hombre puso un pie sobre la tierra, porque el hombre no deja vivir a nadie ni nada vivo, ni tan siquiera deja nada en su sitio, todo lo modifica creando un caos infinito.    

  Pero sin querer ser catastrofista, sé que somos muchos los que luchamos por una tierra limpia, aunque desgraciadamente son muchísimos más los imbéciles que contaminan; creyendo que la vida de nuestro planeta no se agota, sin mirar ni darse cuenta, que la tierra está enfadada… y ha empezado a devolvernos la pelota.


Nadavepo




lunes, 24 de febrero de 2020

El río















  Te tengo en la cabeza, pero no puedo cruzar el río. Tú paseas por juncos, los cardos se han vuelto mis amigos; Las mariposas te acompañan, yo sólo escarabajos piso; Tú caminas por la arena de tu orilla, yo en el fango estoy metido. ¡Que dolor! ¿Por qué tiene que ser tan ancho el río?

  Te tengo en mi mente, y me esfuerzo para cruzar el río. Te oigo cantar, mientras yo en este lado suspiro; tú recoges flores, yo sólo gusanos de río; Tú puedes ver la claridad del cielo, yo sólo veo la oscuridad del suelo. ¡Qué pesar! ¿Por qué tiene que ser tan ancho este río?

  Te tengo en mi sien, y trato de cruzar el río. Te veo danzar en la otra orilla, mientras yo gimo; tú corres y saltas, yo por el lodo estoy impedido; la luz ilumina tu rostro, mi cara se oscurece por el pesar. ¡Qué angustia, que ancho se torna este río!

  Te tengo en mi corazón, y hasta aquí aguanta mi razón. Por eso voy a cruzar este río, me da igual que sea tan ancho como el Nilo, agotaré todas mis fuerzas nadando a tu encuentro, pero si muero en el intento… ¡Recuerda! que yo seré todas aquellas cosas, que desde la otra orilla vi, que te hacían enormemente feliz.



Nadavepo.




lunes, 17 de febrero de 2020

La fuerza de un vendaval













  Fuiste como una fuerza, que entró como un vendaval por la ventana de mi corazón, inundándolo todo de amor.

  Un poema de luz, una promesa en una cálida tarde de verano, una brisa que ondula el agua de un manantial inmaculado.

  Tú abres mi paraíso, con nieve roja o azul, con lluvia brava o estancada, con tormenta sin relámpagos, con la majestuosidad de tus encantos, y sólo con contemplarlos, ya es para mí un halago… servirte, adorarte, dormir a tu lado.

  Aunque haya algo que no te haya contado, tú siempre lo has respetado; felicidad o vanidad de creerme un mago, que intenta hacer prestidigitación con la bondad de tu corazón.

   Acto suicida fue, el abordarte ante tu gente,  para conquistarte, para declararte mi amor, me tachaste de loco que no siente vergüenza, que lo que rondaba por mi cabeza, sólo era el juego de un esporádico capricho de mi corazón.

    Y tu sonrisa dando tu aprobación, fue el mejor regalo que en mi vida puso Dios; por eso ya me da igual que se vaya la Navidad, porque ahora  puedo elegir, porque el amor se queda aquí.

   Ya puedes empezar a sumar, porque los años pasarán y las luces y decorados desaparecerán… pero nuestro amor por los siglos perdurará. 

  Y para terminar, quiero decirte que quiero batir un récord. Y que lo cronometren todos los jueces del mundo, a ver si son capaces… de cronometrar todo el amor, que te puedo dar en un segundo.



Nadavepo.





jueves, 13 de febrero de 2020

Eres













  Eres mi temblor de corazón.
Mi tiritar de emoción.
Mis pupilas dilatadas.
La vista más certera, la vista más turbada.

  Eres la inquisidora de mi cuerpo.
Mi evadir perfecto.
Mis manos atadas.
La que achispas mi alma, la que caldea mi cama.

  Eres el sonido más perfecto.
Mi candela en el cerebro.
Mis rodillas flexionadas.
La que me da vida, la que a veces me mata.

  Eres mi manjar favorito.
Mi camino más bonito.
Mis pies descalzos.
La que me da luz, la que en las tinieblas me abraza.

  Eres tú mi amada.
Mi mejor amiga.
Mis locuras desatadas.
Con la que sueño, a la que más le debo.

  Eres en fin, todo lo que no tiene fin.
Mi pretérito pluscuamperfecto.
Mis jardines colgantes.
De la tierra, el más valioso brillante.

  Eres la purpurina, que se impregna a mi piel.
Mi burbuja de cristal.
Mis pensamientos al azar.
La mujer perfecta, la que sabe a cereza.

  Aquí hago un paréntesis, porque me falta el aire.
Así que si me besas, podré tomar aliento… y así podré seguir diciendo lo que por ti siento, hasta que me beses otra vez.



Nadavepo.





martes, 10 de diciembre de 2019

Acuarela









  Sólo soy una acuarela, que llora y se lamenta, porque su autor no se dignó a terminarla. ¿Soy rostro de verdad o careta de carnaval? ¿Llanto que se derrama o pincelada mal dada? ¿Esclavo en papel o antojo de una mujer? Me resbalo y desaparezco sobre un folio en blanco, mientras yo me pregunto…

  ¡Sobreviviré, o simplemente seré una vaga idea, que inacabada tirarás a la papelera!   



Nadavepo



miércoles, 4 de diciembre de 2019

Mi Mariposa













   Te he deseado, te he querido, te he amado; desde la sombra, desde lo más apartado, desde donde los sentimientos afloran…o en un suspiro quedan apagados.

  Poesía mordida entre los labios, memoria que se pierde, como se pierden los granos de arroz derramados… me odio por haber deseado odiar o haber cometido el más atroz de los pecados.

  Ahora mi memoria se ha olvidado de olvidar, y olvido lo que ya estaba olvidado… ¡Como añoro tu amor! el que me calentaba por dentro en esos duros inviernos, que helado me he quedado.

  Curtido por el paso del tiempo, así me siento, así dejo mi piel la luz del sol; y sobre mi pecho un reloj, que dejo marcadas las horas de dolor. Cuánto desamor y que poco amor, trabajo sobre el llanto, que va dejando mi hundido corazón.

  Amor que ayuda a borrar el destino, que desequilibra mis sentidos; como puedo seguir el camino, que seguramente me designó Dios…Si jamás te encuentro, y cuando te encuentro, eres amor de papel.

  Pero que ilusiones te depara la noria de los sentimientos, ahora aparece lo que me dará vida, un amor que la naturaleza ilumina, por eso no tengo más remedio que decirte…

   Que tu quedaste para ser creada el último día, pues después de ti, nada mejor se crearía. Diseño único, tacto exquisito, deslumbramiento a todo ser vivo que te rodea; porque eres efervescente como la marea, porque surges como el oasis de la arena, por eso te amo mi mariposa, porque sabes que te nombro así, por llamarte de la forma más bella.

  Sobrenatural me parece tu aletear, que me hipnotiza y paraliza. Alfombra roja tiene el campo por donde tú revoloteas, porque tu belleza a todos los demás seres eclipsa; colores interminables, polen que hechiza, toda tú eres el cuento que se materializa. Aquí estoy para darte eternos días de vida, cúbreme con tus alas… e introdúceme en el interior de tu sonrisa



Nadavepo.




miércoles, 25 de septiembre de 2019

El Gnomo Verde













  En uno de mis delirios de fantasía, salí a pasear por el bosque. El día estaba lluvioso, mi intención era buscar una seta roja, con el único objetivo de encontrar un gnomo verde en su morada, me hubiera dado igual que fuese azul, pero dicen que los verdes saben escuchar mejor. Quería contarle mi situación actual, que se basaba básicamente en la soledad, había perdido la esperanza de amar.

  Encontrar el amor, me resultaba cada día más difícil. El mundo se había vuelto banal, superficial, la gente se movía por impulsos similares, parecían estar conectados entre sí, repitiendo siempre las mismas secuencias. Yo me encontraba fuera de lugar, en este enrevesado circuito que había formado la sociedad, por eso las ganas de evadirme hablando con un gnomo verde, aunque me hubiera dado igual que fuese amarillo, pero dicen que los verdes saben oír con atención.

  Perdido, andaba absorto en mis pensamientos, cuando a lo lejos algo parecido a una seta roja divise ¡por fin! Ahora tendré la oportunidad, de poder pedir consejo al gnomo viejo, de la seta roja, del bosque lluvioso, donde hace tiempo también busqué como amigo a un oso panda, pero no lo encontré, días después leí en el periódico, que se habían marchado a China, así era normal que no lo pudiera encontrar.

  Cuando más cerca estaba, más extrañado quedaba, la seta cada vez se hacía más grande, y yo me preguntaba ¿seguro que con ese magnitud, ahí vive un gnomo de mi tamaño? Mojado y calado, el frio recorría todos mis huesos, aún así intentaba descubrir quien vivía en aquella seta, y aunque la lluvia no me dejaba ver con claridad, casi palpando llegué hasta lo que creí era la puerta de la seta roja, morada del gnomo verde, aunque si hubiese aparecido uno marrón, no le hubiera dado de lado, aunque para el consejo sabio el del gnomo verde, que dicen atiende a tus necesidades mucho mejor.

  Cuando pude golpear la seta roja, note que era algo blanda, se hundía y parecía materia plástica. De repente la seta se giró, entre el salpicar de gotas que soltó al girarse y la tintineante lluvia que no cesaba, pude atisbar casi borroso, casi difuminado, un precioso rostro sobresaltado. Que por cierto, no era verde.

― ¿Qué hace usted?

  Me dijo de un modo imperativo, pero que para mí sonó a gloria.

 ― ¡Usted perdone! Dije segundos después de poder reaccionar, ante aquella aparición divina.

― ¿Por qué aporrea mi paraguas con tanta insistencia?

  Dijo esta mujer extrañada.

― Es que pensé que era la puerta de la seta roja, vivienda del gnomo verde.

  Dije en un tono de alelamiento total.

  La dama en cuestión quedo casi congestionada, al oír aquello que le contaba.

― Pero… ¡ usted se ha vuelto loco! Respondió aquella preciosa señorita, mirándome como el que mira lo absurdo.

― Disculpe por no hacerme entender, pero es que no sabría cómo explicarle lo que me ha traído hasta usted.

  Le comenté en tono cándido he inocente.

  Creo que la mirada es el espejo del alma, de ahí que esta mujer no hubiera salido corriendo al oír mis disculpas, creo que al mirarme se dio cuenta que no era un peligro para ella.

  Increíblemente esbozo una tímida sonrisa, y metiendo la mano en su bolso, saco unas monedas ofreciéndomelas, ahora sí que me quedé descolocado. Mientras me acercaba las monedas me expreso lo siguiente.

― Que forma más ingeniosa de ir pidiendo una ayuda, jamás me habían pedido una limosna de esa manera. 

― No, no por favor, no voy pidiendo, lo que le conté anteriormente es totalmente cierto, de hecho si me da unos minutos se lo podría contar.

  A lo que ella me respondió.

― Estoy esperando el autobús, es el único tiempo que le voy a dedicar hasta que éste llegue, así que abrevie si quiere contarme su historia, pero antes refugiémonos debajo de la marquesina, que ya estás demasiado mojado, como para seguir bajo la lluvia.

  Así fue como empecé a contarle mi historia, de porque buscaba a un gnomo verde, las razones para andar bajo la lluvia perdido, la esperanza perdida en lo que se supone nunca se pierde. Con forme contaba mi relato, ella iba cambiando el rostro, paso de oír por compasión a oír por pasión.

  Pasó el primer autobús, pasó el segundo, pasó el tercero, los minutos se convirtieron en horas, ella me escuchaba embelesada y nosotros seguíamos sentados en la marquesina. Mi cuerpo no podía con tanta humedad, así que empecé a tiritar, cuando ella me observó me dijo.

― Perdona, estaba tan absorta en tu historia, que me había olvidado de que estabas empapado, por favor vayamos dentro de aquel bar, te invito a un buen café, que esté lo más caliente posible, además podrás entrar al baño y secarte un poco, debemos conseguir que entres en calor.

― Gracias, necesito entrar en calor, tanto como salir de la soledad, aunque te diré que hoy al estar a tu lado, me siento el hombre mejor acompañado del mundo.

  Una vez estuve en el local algo más reconfortado,  sentado frente a ella y en mis manos un café súper caliente, pude continuar con mi historia: Son pocas palabras, con las que puedo resumir mí últimas vivencias. Soledad, que es el mundo al que estamos abogados con las últimas tecnologías. Desconfianza, algo imparable, que crece diariamente minándonos a todos. Y por último y no menos importante, la difícil búsqueda del amor perfecto, o como otros dirían del amor eterno, pues yo me conformaría con mucho menos, tan sólo con un amor amable, tan amable como lo eres tú.

― Así que dime ¿Qué es lo que buscas tú? Le dije intentando dejarle espacio, para que ella participase en la conversación.

― ¡Yo! Ahora mismo me pillas totalmente absorta, no sabría que responderte.

― Empieza pos decirme tu nombre, luego tiras de la madeja y conseguirás hacerme un ovillo, deleitándome con tus palabras.

― Me llamo María, llevo una vida de lo más normalita, jamás he llegado a tener una necesidad como la tuya, pero te entiendo perfectamente, te doy toda la razón  con respecto a la soledad que nos invade en los momentos actuales, además de las relaciones en su mayoría banales; pero se vé que es el precio que tenemos que pagar en esta sociedad, que se torna de locura. Aunque he de confesarte, que jamas se me hubiera ocurrido buscar un gnomo verde, para pedirle consejo, aunque si te confieso, que me hubiera gustado tener como amigo a un oso panda, ¡me encantan los animales!

― Pues considérame un animal, el más exótico, el más mágico, el que más te guste, ¡en fin! El que pueda poner tu vida patas arriba, porque eso es lo que pienso hacer, llenar tu vida de aventuras, de emociones, de gnomos de colores, de hadas; y sobre todo de amor, mucho más que amable, te colmaré de un amor férreo, duro y longevo como una roca. Claro está, si tú quieres ser la princesa de mi cuento.

  Pensé que en esta parte de la conversación, ella se cortaría poniéndose a la defensiva, de las proposiciones que discretamente le lanzaba. Pero cuál fue mi sorpresa cuando ella continuo diciéndome.

― Pero creo que antes de hacer todo eso que me planteas, al menos podrías decirme cómo te llamas, más que nada porque tú ya sabes cómo se llama tu princesa, pero yo no sé cómo se llama mi príncipe; todo es cuestión de ir tejiendo lazos.

  Asombrado, al no esperarme su respuesta, continúe articulando mi nombre y algo más.

― Me llamo Israel, y como ves por nuestros nombres bíblicos, podríamos ser los príncipes de Judea, en sus muros podríamos grafitear una historia de amor, que podría ser de ensueño.

  Ella salto como un resorte, atendiendo a mis ilusiones.

― Me llamo María, y puedo asegurarte, que por la luz que desprende tu corazón, será una historia de amor de ensueño; jamás vi una sinceridad tan abrumadora, en unos ojos tan hermosos como los tuyos.

― Entonces, entiendo que quieres comenzar una nueva andadura en tu vida, acompañada por un servidor.

  A lo que ella continúo diciendo, con una fuerza desmedida.

― Quiero empezar una vida contigo, en tus castillos sean de arena o no, rodeada de gnomos sabios o cómicos, paseando entre esas setas rojas que pueblan tu mágico mundo, acompañada por  tu cortejo de osos pandas… ¡y cómo no! Quiero empezar esa nueva vida, con todo el peso de tu amor.


Nadavepo




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