lunes, 11 de septiembre de 2017

Pensamientos












  Me arrastro dentro de la oscura noche, entre tus pensamientos dorados y mis deseos nacarados. Ni tan siquiera puedo susurrarte, para no despertarte  estropeando tu plácido sueño. Me conformo con verte dormida, porque contemplar tu cara me ilumina el alma, y tu respiración el ritmo de mi corazón determina.

  Pobre de mí si algún día pierdo tu luz, porque me hundiré en la oscura ciénaga… donde ningún color pinta y la ilusión pierde toda su tinta. Ya soy yo, el que es arrastrado por la oscura noche, entre los pensamientos más aterrados y descarnados, que mente humana pueda sostener.

  Necesito la luz de uno de tus pensamientos, para que de esas arenas movedizas me ayudes a salir. Por eso te pido un último esfuerzo, y como faro que alumbra el camino, enciendas un recuerdo dedicado hacia mí, para poder guiarme y de las penumbras poder resurgir.

  Y no quiero destrozar mi vida, por eso te prometo que si me llevas hasta el amanecer del día… expresaré mis sentimientos lanzándolos al viento, para todo el que los quiera oír.

  En ellos contaré la historia de lo que fué nuestra vida, entre el mar y la colina donde me hiciste tan feliz. Y como epílogo, la descripción de la mágica morada donde te conocí.

  Lino dorado, gasa marfil, tul azul,  esa es la vaporosa casa donde habitas tú.





Nadavepo.




sábado, 19 de agosto de 2017

El Autómata












  Acuérdate de mi cuando estés pensativa. Recuerda que no puedo esbozar ningún llanto, ninguna sonrisa, que tampoco puedo sentir el frescor de la brisa.

  Labios desdibujados me has dejado, hasta una mirada distante y fría, que poco me quejé cuando me maltratabas y yo pensando que me querías.

  Frio y gris he quedado, como el acero mal tratado. Inocuo para tu salud, veneno para la mía. Como quiero poder levantarme, pero el pesar del dolor es tan pesado como mi armadura.

  Ni entrañas me quedan, quedé vacío como el interior de una cueva. No puedo sentir ni rabia, ni impotencia, me conformo con poder mirar el brillo de las estrellas.

  Mundos lejanos me esperan, donde todos giran hacia la izquierda. Por locos los toman, pero sólo son almas que deambulan perdidos entre las tinieblas.

  Que será de mí… quedaré mudo, quedaré sordo, o me convertiré en el retrato de un corazón en pena. No siento, no padezco, sólo soy burbuja que con el vaivén de las olas tiembla.

  Acuérdate de mí cuando yo desaparezca… porque sentirás frio, no tendrás consuelo, y tu corazón se volverá de piedra. Porque jamás encontrarás a nadie que con mi desinterés te quiera.

  Te caerás muchas veces y cuando te levantes, pensarás que vuelas. Pero tus vuelos serán tan cortos, que no podrás salir, del pantano de la tristeza.

  Y aún así y cuando más desamparada te veas… yo estaré aquí como robot, que aun sin corazón, velará por ti todo cuánto pueda.




Nadavepo.






lunes, 31 de julio de 2017

Espejismo













  Que terror recorre mi piel, erizando mi vello y provocándome inmensos escalofríos. Terror a lo desconocido, terror a atravesar el desierto candente y vacío.

  Que pequeño me siento, soy un grano de arena en este profundo espejismo. Busco amor y sólo encuentro cataclismos, camino descalzo entre espinas de rosas… que no son rojas, sólo están teñidas de mi sangre sudada en el camino.

  Paso a través de una puerta sin dintel… y al otro lado, ningún oasis, ningún riachuelo, ni tan siquiera unas gotas de rocio; yo cada vez estoy más perdido.

  Déjame paso, tremenda roca que bloqueas mi caminar… déjame paso, o sólo me quedará tirarme al vacío, apiádate de mí, que no tengo techo, ni comida, ni abrigo. Que sólo busco un poco de calor de hogar, donde está ese amor que tanto ansío.

  Sol achicharrador, viento abrasador, espada afilada del destino… acaba con mi vida, que estoy débil, cansado y abatido. Quiero desaparecer antes que llegue la noche, pues no quiero soñar ni una vez más, con ese amor prometido.

  ¡Amor que juró, amor que se desapareció por el camino!




Nadavepo.
 





lunes, 29 de mayo de 2017

Rézame la palabra Amor












   Con doce años, en una clase de religión. El señor sacerdote me pregunta…
¿Qué es el infierno Alex?
   Yo respondo.
Estar lejos de ella.
  El sacerdote queda extrañado, parece no entender. Por lo que vuelve a preguntarme.
¿Y la gloria?
  Seguro de mí le respondo.
Estar en sus brazos.
  Cuando alcanza a comprender de lo que le estoy hablando, me contesta muy aireado.
Sal de clase, quiero que vayas al despacho del director. Y por supuesto hasta que no rectifiques, tendrás suspensa la religión.
  Antes de salir del aula, me vuelvo dirigiendo mi mirada hacia sus ojos, y le fulmino con unas palabras.
Ustedes predican el amor hacia tus semejantes, predican la unión entre dos personas. Pero ahora que usted ve el amor puro entre dos adolescente, en su cabeza y en sus retorcidas entrañas sólo ve perversión y lujuria. Probablemente será por la represión a la que usted ha estado sometido. O no, puede que usted lleve en sus genes el sabor a la envidia de ver a los demás felices. O quizás su amargura no tiene precedentes… sea lo que sea, le diré que jamás podrá empañar un amor inocente, con sus amenazas manidas por los años. Y si considera suspenderme, suspéndame aquí y ahora, porque también me tendrá que suspender en la otra vida. Porque ni usted ni nadie, impedirá que la ame tan limpiamente como sus ojos no son capaces de ver. La amaré por encima de todo, hasta por encima de Dios, y si eso me condena al infierno, sepa usted que hace tiempo que estoy ardiendo… pero de frenesí, de gozo en el alma, de mariposas aladas atravesando mi estómago.
  Sé que mi suerte, es no vivir en la época de Torquemada. Porque seguro que me hubiese mandado a la hoguera, pero le recalcare que ni trescientas hogueras me harían desistir, de conjugar el verbo amar por ella, querer por ella, desear por ella, y una cosa que usted jamás podrá sentir… sufrir por ella.
  Acabado queda mi discurso, y si por un atisbo de esperanza algo le llego al corazón, me sentiré orgulloso de haber sembrado la semilla de la compasión en su persona.



Nadavepo.




martes, 23 de mayo de 2017

Mi Barca











  Quiero una barca que no esté amarrada, que no tenga dueño, con la cual poder surcar los océanos en inocente libertad.

  Quiero una hermosa barca, en la que su proa se pose sobre la arena y su popa descanse sobre la mar.

  Quiero una preciosa barca, que no tenga nombre, y ni tan siquiera se pueda bautizar.

  La quiero, con la atracción con la que el acero es atraído por el imán. La quiero sin velas, desnuda como nació, que yo pondré los remos en los que se pueda apoyar.

  Guíame barca mía, sobre una estela que nos lleve a un apreciado final, donde las tortugas nos saluden alegremente y los flamencos no nos dejen de reverenciar.

  No quiero pisar tierra, sólo quiero contigo en alta mar estar. Por techo  tendremos las estrellas y por suelo el infinito mar.

  Quiero descansar sobre tus cuadernas, mientras el rumor de las olas con sus nanas nos adormecerá. Y cuando llegue el amanecer, un horizonte nuevo me dibujarás... Para recordarme, que en esta vida sin ti no quiero estar.  





Nadavepo.





lunes, 27 de marzo de 2017

El Piano












  Este cuento comienza en un dorado desierto, donde el sol calienta hasta su punto más extremo.

   Anda sonámbulo  el superviviente de un avión perdido, sólo algunas zonas de su piel son tapadas por andrajosas ropas, quemadas carnes que parecen estar sacadas del asado de unas brasas. Rojeces de dolor insufrible, labios quemados por la desesperación de la sed que padecen, piernas cansadas por los cortos pasos que va dando, clavándose sobre las dunas. Manos irreconocibles, de treinta años que  se confunden con los setenta y tres. Barba enredada como zarza, de corona de un suplicio ya escrito. Ojos que aunque nubios, no están adaptados al desierto.

  Sus pensamientos son lo único que le queda intacto en tan duros momentos. Sus piernas andan sobre abrasadora arena, pero sus sueños caminan sobre cartulinas de colores.

  Una nube, seguramente perdida por tan crudos lares, tapa como paraguas su endeble y ya frágil cuerpo. El levanta muy despacio su cabeza y mirando hacia el horizonte vislumbra un punto negro, cree creer lo increíble al oír una música que le es muy familiar, es una melodía que compuso a los quince años.

  El, nota en sus extremidades una fuerza que hace días lo habían abandonado. Anda casi erguido, la cabeza avizora intentando no perder de vista aquel punto negro, de donde sale tan conocida música.

  Siente que camina deprisa, aunque la realidad es otra. Avanza a un ritmo de diapasón cansado, pero seguro. Su firmeza lo lleva casi en volandas por el deseo de llegar al punto de donde parte la música.

  Siente como la ilusión lo abraza y casi lo hace flotar, cada vez está más cerca del objeto. Ya no le parece un espejismo, ya va tomando forma.

  A unos tres metros queda paralizado, está ante un piano de cola al frente del cual hay una dama, vestida con una túnica de tul blanco. Desde su posición, sólo puede ver sus largos cabellos negros y unas blancas manos. Colores que identifica las teclas de un piano, pero que él está viendo con una claridad absoluta.

 Queda maravillado de la acústica que tiene, allí en aquella llanura interminable, donde sería casi imposible oír una nota musical. Ve como aquellas manos de ángel acarician unas teclas de marfil, que presionan sólo con pasar su calor corporal. Gratos recuerdos llegan a su mente, mientras contempla como dicha dama danza sobre la música, creando magia acústico-visual.

  Entra en trance oyendo su propia composición, la primera de tantas bellezas que salió de su mente y de sus manos. Los movimientos de aquel ángel tocando el piano, lo evaden del dolor, del cansancio, del hambre, de la sed. Partitura casi inacabable, aunque como todo tiene su fin.

  Cuando acaba, se dirige a la dama para agradecer lo que él cree será la última visión de este mundo, al tocarle el hombro se gira la mujer y al verle la cara entra en shock desmallándose.

  Cuartel avanzado, de las tropas españolas en Afganistán:

  Dos soldados de la operación de rescate, comentan lo sucedido: 

 Javier- Que suerte ha tenido este hombre, lo hemos rescatado en sus últimos instantes.

  José- Desde luego, unos minutos más y lo hubiéramos perdido.

  Javier- Es curioso, lo que balbuceaba mientras veníamos en el helicóptero, me impacto bastante. ¿Tú oíste lo mismo que yo? 

  José- Claro, no paraba de repetirlo. Vino  todo el tiempo diciendo: Gracias mama, gracias por enseñarme música y volar a través de ella para salvarme.

  Javier- Creo que aquí se cumple el dicho” la fuerza de voluntad mueve montañas”

  José- Creo que en este caso, no ha habido dichos ni fuerzas sobre naturales, solo un amor de madre, que ha vuelto desde el cielo para darle una segunda oportunidad.





Nadavepo. 




sábado, 4 de marzo de 2017

Pequeño














 Que pequeño me siento, y aún más diminuto me hago, cuando te veo tumbada en la cama del hospital. Acorralada por los miedos, débil por la enfermedad, hundida en la tristeza de una lucha que no sabes si ganarás.

  Imploro, ruego y me devano los sesos sin poder pensar… que triste y sola en tu interior estás, ni incluso yo con las palabras más relucientes te puedo consolar.

  Aún así, sin fuerzas, sin ganas, con toda la debilidad del mundo, no eres capaz de dejarme de amar… como te miro intentando, mi pena disimular.

  Cuántas lágrimas derramo, por un milagro que pudiera suceder… como te quiero en la tristeza, como te quería en la alegría de ayer.

  Rompe mi corazón señor, que no es el que se forjó de roca a los veintitrés… con el tiempo se pulió en cristal, y que ahora late entre el dolor y la pena, esperando que llegue el momento en que se pueda fragmentar.

  No te digo adiós, porque algo bueno sucederá… estarás a mi lado, aunque sea al otro lado del cristal. Tú te iras por la noche y cada mañana regresarás a nuestro hogar.

  En esta vida, se pueden romper todos los vínculos, menos el de amar… que clara veo ahora nuestra vida ¡aquí o detrás del cristal!





Nadavepo. 






La aristocracia de la ignorancia